domingo, 11 de junio de 2017




AUTORES ECUATORIANOS

José de la Cuadra (1903-1941)

 Fue:

·                     Abogado
·                     Profesor del colegio Vicente Rocafuerte
·                     Vicerrector del colegio Vicente Rocafuerte
·                     Subsecretario de Gobierno
·                     Secretario general de administración pública
·                     Visitador consular
·                     Delegado del Gobierno para el estudio de leyes
·                     Escritor
·                     Presidente del Centro Universitario de Guayaquil
·                     Presidente de la Federación del Sur de Estudiantes Universitarios
José de la Cuadra nació en Guayaquil, el 3 de septiembre de 1903.
 Su infancia desarrollo en una relativa estrechez económica.
De la Cuadra realizó sus estudios en su ciudad natal. En 1921, culminó el bachillerato en el Colegio Nacional Vicente Rocafuerte, y en 1929, se graduó de abogado en la Universidad de Guayaquil.
La vida universitaria De la Cuadra fue alternada con el magisterio, el periodismo, la política y la literatura. Desempeñó las funciones de profesor de Moral y Gramática en el Colegio Vicente Rocafuerte; también fue bibliotecario y, con los años Vicerrector del mismo plantel.
Las primeras incursiones literarias pertenecen a su época de colegial. Durante 1919-1920 formó parte de laredacción de la revista “Juventud Estudiosa”. En ella colaboraron, entre otros bandos, Medardo Ángel Silva, José Maria Egas, Jorge Carrera Andrade, Augusto Arias, Gonzalo Escudero, todos ellos cultivadores del “retrasado modernismo ecuatoriano” del que José de la Cuadra no se pudo sustraer. De allí que las primeras publicaciones tengan esta influencia. En la ya mencionada “Sangre de Incas. A la memoria de Santo Chocano”, “A la pálida”.
SUS OBRAS LITERARIAS
Entre sus principales obras son:
·                     Oro de sol (1925)
·                     Nieta de Libertadores
·                     El extraño paladín
·                     El amor que dormía (1930)
·                     Repisas (1931)
·                     Horno
·                     La Tigra
·                     Los Sangurimas (1934)
·                     Los monos enloquecidos (1951)







MEDARDO ÁNGEL SILVA


Medardo Ángel Silva nació en Guayaquil el 8 de junio de 1898, y murió de forma trágica el 10 de junio de 1919 en la misma ciudad (dos días después de haber cumplido 21 años). Escritor, poeta, músico y compositor, es considerado el mayor representante del modernismo en la poesía ecuatoriana. Quedó huérfano de padre a muy temprana edad y su madre, con la pequeña pensión que su esposo les había dejado, construyó una modesta casa en la Avenida del Cementerio. De niño entró a estudiar en la escuela de la Filantrópica, cercana a su casa. Por esa época todas las tardes, decansando sobre una hamaca, contemplaba el interminable desfilar de los entierros rumbo al cementerio. De allí la fijación que el poeta expresaría más tarde hacia la muerte. También de niño le gustaba mucho la música, e incluso solía practicar con frecuencia el piano en el convento de los padres agustinos.
Por el año de 1910 ingresó al colegio Vicente Rocafuerte, pero al cuarto año tuvo que abandonar sus estudios por falta de recursos. Entonces entró a trabajar en una imprenta local. Luego de abandonar el colegio, comenzó a intentar publicar sus primeros poemas. Estos fueron rechazados al principio por los diarios más importantes de Quito y Guayaquil, pero poco a poco empezaron a aparecer publicados en pequeñas revistas literarias que comenzaron a darle notoriedad. Aunque Silva no se graduó de bachiller, su condición de autodidacta lo llevó a ser maestro escolar e incluso a leer en francés; así se le facilitó el contacto con la poesía de los simbolistas franceses (Paul Verlaine, Arthur Rimbaud, Charles Baudelaire), quienes llegaron a ser sus más grandes referentes. Las influencias en su poesía, además, fueron el modernismo de Rubén Darío y el misticismo de Amado Nervo.
 Entre sus famosas obras literarias están:
·                     El árbol del bien y del mal (poesías, 1918)
·                     María Jesús (novela, 1919)
·                     La máscara irónica (ensayos)
·                     Trompetas de oro (poesías)
·                     El alma en los labios



Jorge Icaza (1906 – 1978)

  
Nació en Quito. Vivió su infancia en una enorme propiedad rural, conociendo así, por observación directa, la aflictiva realidad de los indios, las características de su condición espiritual, sus costumbres. Aprobó en Quito los estudios escolares y parte de la ins­trucción media bajo la dirección de los frailes. Ingresó en la Facultad de Medicina, pero la abandonó poco después. Siguió entonces cursos de Arte Dramático, en el Conservatorio Nacional. La consecuencia inmediata de ello fue su profesión de actor, que la inició en 1928, y que estimuló sus primeras creaciones literarias. En efecto, lo que primero escribió estuvo destinado al teatro: “El intruso” (1928); “La comedia sin nombre” (1929); “Por el viejo” (1929); “Cuál es” (1931); “Como ellos quieren” (1931); “Sin sentido” (1932). La Compañía Dramática Nacional, a la que Icaza perteneció, puso en escena todos esos tra­bajos, cuyos temas habían sido tomados de conflictos íntimos de familia, o de prejuicios sociales. La experiencia personal de su autor, que llegó a conocer las exigencias del arte teatral, le fue de positiva utilidad en el dominio de la acción y en la desenvoltura de los diálogos.

Sus nuevos libros fueron: “Barro de la sierra” (cuentos, 1933); “Huasipungo” (primer premio de la novela de Hispanoamérica en un concurso de la “Revista Americana” de Buenos Aires, 1934); “En las calles” (premio nacional de la novela del Ecuador, 1936); “Cholos” (novela, 1938); “Media vida deslumbrados” (novela, 1942); “Huairapamushcas” (novela, 1948); “Seis relatos” (cuentos, 1952); “El chulla Romero y Flores” (novela, 1958). Se publicó finalmente, en Buenos Aires, su novela postrera: “Atrapados”.
Icaza fue pues un escritor dedicado casi exclusivamente a su profesión literaria. Ha viajado por muchos países. Ha ejercido las funciones de Agregado Cultural ecuatoriano en la Argentina. Ha representado a su país en varios congresos intelectuales. Ha sido Director de la Biblioteca Nacional. Pero todo ello no ha tenido para él la significación que su labor de novelista, que es justamente la que le ha conquistado celebridad internacional. En la enunciada producción narrativa de Jorge Icaza se muestran muy evidentes sus objetivos de crítica social. Son ellos los que establecen la unidad de sus ideas combativas, y los que dictan el estilo de su relato y la persistencia de ciertos cuadros episódicos.

PABLO PALACIO Y SU NARRATIVA



Pablo Palacio es uno de los autores más talentosos de nuestro país, su obra aunque fue escasa, es una clara referencia del talento que se perdió de este gran autor, ya que nunca llego a ser difundida como se merecía. Es muy importante que conozcamos un poco más acerca del más representativo escritor de la historia de nuestra literatura ecuatoriana. Pablo Palacio nace en Loja el 25 de enero de 1906. Hijo de Angelina Palacio y Agustín Costa, el padre, no lo reconoció. Éste, años más tarde cuando Pablo Palacio ya era famoso, intentó darle el apellido, el literato se negó. Este gran autor pertenecía a una rama empobrecida de los Palacio. Familia criolla y de abolengo aristocrático. Se casó en 1937, después de un largo enamoramiento, con la destacada artista Carmita Palacios. En 1939 Palacio empieza a manifestar síntomas de una terrible enfermedad, perdía la memoria constantemente y el hilo de las conversaciones. Al final, esta sería la enfermedad por la cual murió tiempo después en una clínica psiquiátrica de Guayaquil. Siete años duró su agonía, y fallece el 7 de enero de 1947.
Entre sus obras más representativa tenemos:
 Novelas:
-Un nuevo caso de mariage en trois —se dio a conocer como parte de la novela Ojeras de virgen cuyos originales se extraviaron— (Quito, 1925).
-Débora (Quito, 1927).
-Vida del ahorcado —novela subjetiva— (Quito, 1932).
 Cuentos:
-El huerfanito (Loja, 1921).
-El antropófago (Quito, 1926).
-Luz lateral (Quito, 1926).
-Brujerías (Quito, 1926).
-Un hombre muerto a puntapiés (Quito, 1927).
-Las mujeres miran las estrellas (Quito, 1927).
-La doble y única mujer (Quito, 1927).
-El Cuento (Quito, 1927).
-Señora (Quito, 1927).
La obra de Palacio es una obra muy completa, cuenta con una gran imaginación que aporta el autor; dentro de su obra se encuentran pequeños cuentos, como una especie de diario, su obra también es muy personal y subjetiva, al punto de mostrar sus conflictos emocionales una cierta especie de esquizofrenia que sobresale en su obra.


JULIO ZALDUMBIDE GANGOTENA


Nació en Quito el 5 de junio de 1.833. Hijo legítimo de Ignacio Zaldumbide Izquierdo, combatió a lado del general José María Sáenz y fue asesinado a lanzadas después el combate de Pesillo, cuando estaba rendido. “Su nombre constituye baluarte de civilismo y signo de la saña del elemento militar extranjero adueñado del país” y de Felipa de Gangotena y Tinajero, quiteños.
Después de la primera enseñanza y de haber seguido los cursos de secundaria hasta graduarse de maestro o bachiller en Filosofía y Letras, ingresó a la Universidad Central con el intento de dedicarse a los estudios de Jurisprudencia, pero muy pronto los abandonó para seguir con ardor y entusiasmo a la literatura. “Era un joven de buenas maneras, de exquisito gusto, pero dado a la soledad y a la melancolía”.
En 1.852 escribió la poesía titulada “La estrella de la tarde”, primera de sus composiciones intimistas y de tono menor “en una atmósfera de amable melancolía y vaga tristeza, tan propia de la hora vespertina, vista por ojos románticos, donde campea su simpatía por la naturaleza y el canto al amor doloroso e imposible idealizado en Laura”.
Poco después y con motivo de conmemorarse el séptimo aniversario de la revolución marzista 6 de Marzo de 1.845– se presentó aún adolescente a la velada artístico- literaria de la “Sociedad de Ilustración” y subiendo al escenario declamó su “Canto a la Música”, causando magnífica impresión. Fragmento: El alma llena de delicias, cuando/ en el cristal suspira de la fuente;/ La estremece de horror, en el torrente/ que se lanza estruendoso en el peñón. // En el umbroso bosque, en la Colina/ finges la dulce voz de los amores/ y del vergel en las fragantes flores/ estático te escucha el corazón// Miguel Riofrío, “el poeta lojano que ejercitaba su justa autoridad ante los jóvenes estudiosos y que presidía la fiesta”, lo coronó. Zaldumbide tenía escasamente dieciocho años y de allí en adelante figuro activamente en el mundo de las letras.
 Según el 29 de noviembre escribió una elegía “A la memoria de la señora Juana Lama de Moncayo”, esposa del Dr. Pedro Moncayo y muerta al dar a luz a su hijo. En 1.855 publicó en el periódico “La Democracia” de Quito, otra elegía, a la muerte de Carmen Pérez Pareja. Ya era respetado en los medios cultos del país y se había granjeado numerosas amistades.
En 1.856 publicó su Silva titulada “A la soledad del campo” que según Hernán Rodríguez Castelo cambia sustancialmente su estilo. “Su poesía se tornó más amplia y libre y adquirió mayor aliento, usando combinaciones libres de versos de 11 y 7 sílabas y tomando a la naturaleza como objeto de contemplación. Y así surgió el ciclo de sus famosas poesías tales como “La Mañana”•, “La Tarde” y “La Noche”.
“En 1.857 atravesó una aguda neurosis que le ocasionaba desabrimiento y desencanto a todo y al ocurrir la muerte de su tía y suegra Rosa Gangotena de Gómez de la Torre escribió una elegía a su memoria. A fines de ese año adquirió el fundo “Paramba” situado en la región de Malbucho, que riega el río Mira en el camino el Pailón que acababa de abrirse y para marchar hacia la selva virgen hizo apuntes y resúmenes que debieron haberle costado muchas fatigas. El mismo hecho de aislarse en plena selva tropical, bella y poderosa soledad apacible, revela el cambio en su conducta; sin embargo no perdió enteramente su tiempo pues leyó a Tácito y a Tomás Moore y aunque no halló la ansiada felicidad que en ninguna parte está como él mismo confesaría después, gozó de una cierta quietud física y espiritual.
“Sus últimos años fueron sombríos y agobiados. Vivía tuberculoso y colmado de dolores, silencioso, amando a los suyos y ya no creía tanto en el destino incierto de los hombres porque la religión iba ganando terreno en su voluntad disminuida por el abandono, la pobreza y la enfermedad y murió el 31 de julio de 1.887 este patricio liberal, cuando sólo contaba 54 años.
De estatura más que regular, tez blanca, delgadísimo, ojos profundos y abundantes cabellos rizados y negros. Dejó ocho hijos y la estela inolvidable de su fama y su talento.



Federico Gonzales Suarez
Nació en Quito en 1.844, hijo legítimo de Manuel González Suárez, natural de la Plata en Colombia y de su prima hermana Mercedes Suárez Alzamora, quiteña. Nació débil y enfermo y se temió por su vida. En 1.847 su padre viajó a Colombia al saberse leproso y quedaron el niño y la madre en abandono y gran pobreza, subsistiendo por la ayuda del Obispo Garaycoa y de otras personas caritativas.
Su madre le enseñó las primeras letras, luego ingresó a la Escuela de Colombia que funcionaba en el Convento de San Francisco. Entonces lograron adquirir una pequeña casa en los arrabales frente a la quebrada de Jerusalén y recibió una carta del esposo que la llamaba, pero casi enseguida se enteraron de su muerte; matriculado en la escuela gratuita de Santo Domingo, en 1.851 hizo la Primera Comunión con su confesor el Canónigo Manuel Orejuela que le obsequió un ejemplar de “La religión demostrada al alcance de los niños” de Balmes, libro que leyó con fruicción a pesar de sus escasos 7 años.
En 1.854 enfermó tres meses pero logró salvarse con remedios comprados al fío. En 1.855 terminó la primaria y de once años solamente recibió la tonsura de manos del Obispo Garaycoa en el santuario de Guápulo; enseguida ingresó en la Universidad para continuar estudios secundarios.
En 1.859 vino la guerra y los reclutamientos forzosos. Deseaba entrar al Seminario pero no contando con medios económicos solicitó una beca y el Arzobispo Riofrío se la negó por ser hijo único de madre viuda y pobre.
Dejó los estudios 2 años, luego consiguió en 1.862 la ansiada beca de los jesuitas. A la semana, el Padre Francisco Javier Hernáez lo acogió en su favor e ingresó de novicio a la enseñanza de literatura, entonces fue atacado de viruelas pero sanó sin complicaciones.
En 1.863 arregló con Abelardo Moncayo la Biblioteca Nacional de Quito, trastornada por el terremoto de 1.859 y cuando éste salió de la orden, González Suárez fue puesto por sus superiores en observación, “por haber sido su amigo”.
En 1.871 pronunció un discurso sobre “La Poesía en América” que constituyó el inicio de su carrera como escritor y orador. En dicha ocasión dijo “Soy el ínfimo de los ecuatorianos pero a nadie cedo en amor a mi patria”, anciano expresará: “Yo solo leo las cosas de mi patria”.
De esa época de juventud es su “Estudio sobre Virgilio” donde critica el olvido de las lenguas clásicas en los programas de enseñanza superior y el “Estudio de la Poesía épica cristiana” obra que revela una prosa rica en giros idiomáticos.
En 1.872 decidió salir de la Compañía de Jesús; años después expuso en sus “Memorias Intimas”. “Viví en la Compañía 10 años y tengo como uno de los más grandes beneficios que he recibido de la bondad divina esos diez años de vida religiosa pasada en la sotana jesuita”. ¿Por qué salió entonces? Parece que lo hizo para ayudar económicamente a su madre. Los jesuitas se sintieron molestos y con toda la razón. Diez años es mucho tiempo y por ello ejercieron influencias para evitar que González Suárez ingrese al Clero de las diócesis de Quito e Ibarra; mas, el Obispo de Cuenca, Remigio Estévez de Toral, lo llamó bajo su protección y se ordenó de Subdiácono el 4 de Agosto, de Diácono el 11 y de Presbítero el 18 de ese mes y al día siguiente fue sacerdote en el templo de la Concepción de Cuenca “de un modo privado y casi oculto”. El jueves 22 dijo su primera misa en el oratorio de la hacienda que poseía su padrino de vinajeras, Dr. Antonio Borrero, en el Valle de Chaullabamba. Cuatro meses después fue designado Canónigo Racionero de esa Catedral, ejercía la secretaría privada del gobierno eclesiástico y ayudaba con remesas periódicas de dinero a su madre en Quito, anciana, achacosa y como siempre pobrísima.
Superada su crisis comenzó una vida cultural intensa. Vivía en casa de la familia Izquierdo Serrano, frecuentaba las reuniones literarias del “Liceo de la Juventud” que dirigía el Padre Julio Matovelle, donde se formaban los Poetas Marianos de los Sábados de Mayo, con los que versificaba.
  
           Numa Pompilio Llona


Nació en Guayaquil el 5 de Marzo de 1.832 y fue bautizado con los nombres de Manuel Pompilio que luego cambiará por Numa Pompilio, más acorde con sus aspiraciones de grandeza. Hijo del Dr. Manuel Leocadio de Llona y Rivera, notable abogado, perseguido en 1.818 por el Gobernador Mendiburo por sus ideas, expresiones y actitudes patrióticas. Prócer de la Independencia y firmante del Acta del 9 de Octubre de 1.820, Síndico Municipal de Guayaquil y activista bolivariano en 1.822, hizo arriar el pabellón bicolor de Guayaquil Independiente del malecón de la ciudad para izar el tricolor colombiano, acción que le atrajo el odio eterno de los elementos tradicionales de la ciudad que jamás le perdonaron dicha ofensa; y de Mercedes Echeverri Llados, de la nobleza de Cali en Colombia, hija del prócer Echeverri, flagelado por los españoles por ocultar en su casa a su amigo y compadre Darío Micolta, uno de los más valerosos caudillos revolucionarios de ese país.
El Dr. Manuel Leocadio de Llona y Rivera después de 1.822 sufrió el abandono social a causa de su acción política, lo que influyó para que en 1.828 se distanciara de su cónyuge Antonia de Marcos y Crespo con quien había casado ese año y de su tierno hijo Antonio, refugiándose en el amor de la hermosísima Mercedes, de paso por Guayaquil, acompañando a su padre, militar de los ejércitos de Colombia. Con ella vivió en su quinta de la esquina suroeste de las calles Chile y Luque donde les nacieron varios hijos y entre ellos Numa Pompilio. Como el escándalo social era grande, la familia Llona y Echeverri viajó a Cali en 1.836 y radicó en el valle del Salado, donde los Echeverri eran dueños de una finca que el poeta recordó con cariño llamándola mi Arcadia en su Odisea del Alma y allí transcurrió su adolescencia. Aguirre Abad, en su “Bosquejo Histórico”, al referirse al Dr. Manuel Leocadio de Llona y Rivera le dice: “Célebre por sus talentos y más que por ellos, por su conducta traviesa e inmoral” expresión que constituye una exageración sin lugar a dudas.
Obras Literarias
·                     Cien Sonetos Nuevos
·                     Interrogaciones
·                     Amor Supremo
·                     Himnos, dianas y elegías patrióticas y religiosas
·                     De la penumbra a la Luz
·                     Cantos Americanos
·                     Nuevas poesías
·                     Artículos en Rosa
·                     Noches de Dolor en las Montañas
·                     Canto a la Vida*Odisea del Alma
·                     Clamores de Occidente
·                     El gran enigma
·                     Noche de dolor en las montañas
·                     Grandeza Moral

DOLORES SUCRE LAVAYEN



Nació en Guayaquil en 1.837. Hija legítima del Coronel José Ramón de Sucre y de la Guerra, nacido en 1.798 en Cumaná, Venezuela, que realizó las campañas militares de su Patria y de Nueva Granada y posteriormente combatió en Junín, Ayacucho, el sitio del Callao y Tarqui y de la guayaquileña Mercedes Lavayen y García, casados en 1.834, Vocal de la Junta Curadora de niñas en 1.845, mujer intelectualizada para su tiempo.
A los siete años de edad recibió las primeras letras de su madre, mujer culta y activa “que desenvolvió su vida en un medio que negaba la participación de la mujer en igualdad del hombre” y asistió a la escuela de la preceptora Cruz Andrade Fuente Fría de Drinot, “quien la inició en el cultivo de las bellas letras adivinando que en el pecho de la niña que recién gorjeaba, se agitaba un mundo de lirismo y de poesía.”
De quince años apenas ya daba muestras de poseer un talento nada vulgar y versificaba hasta por mera distracción. Poco después se enamoró perdidamente de un joven inglés apellidado Perinmen, quien correspondía sus anhelos con nobles y profundos sentimientos y cuando ya estaba fijada la fecha de la boda; ocurrió que, estando el novio aceitando un arma, se escapó el disparo que segó su vida. Dolores “se entregó por entero a su dolor y a la poesía, surgiendo de sus labios rosas y lirios para el amado y toda una gama de perfumadas flores para Dios, la Patria, la verdad y la virtud, temas que serían constantes en su inspiración románticas y añorosa.



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